Capilla del Monte, EL VIAJE – Parte 23 –

Cuenta regresiva

Emprendí la retirada con la felicidad del deber cumplido sin lamentar la pérdida de Inti, aunque ahora que digo pérdida veo que el pendex raja como loco y no lo puedo frenar ni con un lazo. Estar solito ese par de horas lo independizó por completo.

Y si a eso le agregamos que yo las bajadas de las rocas de un metro y medio las hacía al estilo “culipatín” al igual que lo haría mi vecina Clota… y de nuevo solo.

A mitad de trayecto encontré a una pareja en la que el flaco estaba re podrido del viaje y dejó a su novia en el camino. Y la piba como algo normal… ¿dónde se consiguen esas chicas?

Sobre el final me topé con una tarántula. ¿Por qué siempre que algo nos da miedo le queremos pegar? Estuve a punto de arrollarla con el palo (vital en la bajada) pero primó mi sentido común. Yo estaba invadiendo su terreno. Así que me detuve a ver su accionar. Se movía excesivamente lento.

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Tarántula: ¿viste alguna en persona?
Tarántula: ¿viste alguna en persona?

 

Me puse en cuclillas para ver los movimientos de cerca. Desconocía si en algún momento ese tipo de araña acelera sus movimientos para atacar. De no ser así, sólo puede picarte si estás dormido, caso contrario es imposible. Va tan lenta como un caracol.

Puse mi pie al lado, me saqué una foto y seguí ruta. A lo lejos ví a Inti sentado. Ya había llegado. También ví al micro. Sale uno cada hora e Inti, un groso, lo dejó ir. No sucedió lo mismo con el novio de la chica, que se fue solito.

Salí del complejo del Uritorco y esperaba la música de `We Are de Champions´ pero lejos de eso escuché a Inti pedirme que le saque fotos con un gatito. Una, dos, tres, 65. Estaba enamorado de sus ojos y forma de juguetear.  Una escena realmente dulce.

Inti y el gatito: amor a primera vista.
Inti y el gatito: amor a primera vista.

Encontramos una pareja que paraba en nuestro hostel y zafamos de la larga espera. Al llegar, Jessi , nos pidió que por favor hagamos silencio que le habían pasado cosas intensas y quería algo de paz. Se fue a hablar con Ari.

Inti empezó a hacer a arroz. Nos miramos, no dijimos nada… se hablarían con señas porque estaban al lado nuestro pero todo en silencio. De repente cayeron 6 alemanes que ni pagos hacían tanto bardo. Nos empezamos a cagar de risa mal y todo hubiera sido grandioso de no ser porque Inti calculó mal el arroz e hizo un plato para un gato en terapia intensiva.

Jessica salió rajando, Ari vino a cocinar. Le contamos que fuimos al Uritorco y nos empezó a contar historias increíbles.

Ari no comía cualquier cosa, curtía una onda naturista extrema. Pero de repente confesó que cada tanto se da un gusto y se mandó unas milangas con 2 huevos fritos que me dieron muchas ganas de birlarle utilizando la peor violencia. Pero me contuve.

Empezamos a hablar de nuestra historia en el Uritorco y se dio un diálogo tragicómico.

Nahuel: “Fue durísimo. No paraba de transpirar, el corazón me latía a mil a mitad de camino. Pensé que me moría”.

Ari:  – ¿Llevaron dos litros de agua por persona y algunas frutas?

Inti: Sí, pero las comimos rápido para alivianar el peso.

Ari: – ¿En serio hicieron eso?

Nahuel / Inti (alias the monkeys): “sí”, convencidos de la gran idea.

Ari: – ¿Cómo van a comer antes de llegar? La sangre va al estómago y también al resto del cuerpo. El desgaste cardíaco es enorme. Tampoco tienen que tomar agua en la ida. Como barbaridad una botellita chica.

A sabiendas de que fui el responsable de casi generar la muerte de Inti y mía en pleno ascenso por sugerir lastrar todo cuanto antes, me fui a la pieza  un toque para cambiarme. De repente tenía 3 ciclistas y una mina embarazada. Le pregunté a Mauro por la gallega y se había ido a la mañana. Estaba más buena… El hostel era como la casa de gran hermano. En cinco minutos se iban 4 y aparecían 8 nuevos.

Volví al rato y Ari estaba contando que se fue a acampar una semana al Uritorco con un amigo unos años atrás. Mochila repleta de víveres. Tenían un refugio cerca de la cima y un señor subía 2 veces al día para venderles gaseosas y comida extra.

Ari (de gorrita) a punto de contar su historia en el Uritorco.
Ari (de gorrita) a punto de contar su historia en el Uritorco.

Un día se quisieron dar el gusto de acampar en la cúspide pero no fue una gran idea. Las nubes bajaron de golpe. No podían ver de sus rodillas para abajo y en un segundo se levantó un viento tremendo, acompañado de oscuridad y lluvia.

Estaban congelados adentro de la carpa intentando evitar que se vuele todo. No veían a medio metro ni con las linternas. Luego de varias horas de lucha comenzaron a cansarse y resignarse a morir. Sólo atinaron a enrollarse en la carpa ya sin parantes como gusanitos.

Por fortuna la mañana siguiente mejoró el clima. Habían quedado a un metro del precipicio. Emprendieron la retirada sin haber pegado un ojo en toda la noche.  Aprendieron que jamás hay que acampar en lo más alto de una montaña.

¿Por ese tipo de historias aparecieron los guías, verdad?, pregunté.

Ari sabía el motivo exacto por el que se implementó el guía en el cerro.  Unos años antes una pareja escaló sin saber que el supuesto guía que los acompañaba no estaba habilitado. Al llegar empujó al novio al vacío y violó a la chica. Fue un caso muy famoso aseguró.

Era bastante tarde, saludé a todos y al sobre. Había un concierto de ronquidos. Tenía unas ganas de gasificar la sala para ponerle emoción a la noche…

 

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Periodista. Un convencido por influencia materna de que lo que imponía la sociedad era lo políticamente correcto. Los años, los golpes y las juntas fueron modificando ciertos conceptos preestablecidos. El punto de inflexión se dio en un viaje a San Marcos Sierra. Un tipo super estructurado y escéptico rodeado de gente que lucha por un cambio. Y desde ese viaje comenzó a luchar por un cambio con su mejor herramienta: la escritura.