l interés que despierta un viaje se manifiesta en plenitud apenas uno llega a destino. Con gran expectativa arribamos a Bogotá, la capital de Colombia. Sumergidos en la locura digital de esta época, envueltos todo el día en una vorágine de llamadas telefónicas móviles, correos electrónicos, redes sociales, reconforta, de pronto, contemplar la colorida diversidad de una buena cantidad de orquídeas. Los alrededores de Bogotá albergan gran diversidad de estas flores. Se calcula que hay cerca de 300 especies en la sabana bogotana y sus cerros circundantes, de las que la Aguadija fue declarada la flor emblemática de la ciudad.

Willie Colón y Juan Fernando Fonseca acompañan con una canción tropical el trayecto en taxi desde el aeropuerto hasta el edificio Monserrate, la antigua sede del periódico “El Espectador”, el más antiguo de Colombia. Bajamos del auto y el chofer –ocurrente y pronto en la conversación– se despide entre carcajadas: “Che, Dios, che Maradona, Papa Francisco; pero mira que eres grande Messi. ¡Vayan al mirador de la torre”. La referencia aludía a una visita al mirador ubicado en la azotea de la torre Colpatria, en el sector San Diego y desde donde se tiene una amplia panorámica de Bogotá.

La vista desde el rascacielos que con cuarenta y nueve pisos es el más alto del país y el octavo de América Latina, permite contemplar los cuatro puntos cardinales. Envuelto por ledes encendidas por las noches, su espectacular contorno fuga permanentemente de color, dando brillo a los alrededores como si fuera un gigantesco tetris que sobresale en la geografía bogotana. Los ledes se usan como indicadores en muchos dispositivos y en iluminación. Los primeros emitían luz roja de baja intensidad, pero los dispositivos actuales emiten luz de alto brillo en el espectro infrarrojo, visible y ultravioleta. Para ampliar el radio de visión, se ofrece el servicio de alquiler de teleobjetivos; también hay una cafetería y tienda de souvenirs.

Salones dorados

Bogotá está ubicada en una meseta perteneciente a la cordillera oriental de los Andes, a 2.640 metros de altura sobre el nivel del mar, sólo por debajo de La Paz y Quito en América del Sur. Por estar cerca de la línea ecuatorial, no se notan los cambios de estaciones lo que ofrece un clima agradable y temperaturas que regularmente oscilan entre los 6° y 24°, con una media anual de 14°.

Conocida como la “Atenas americana” y la “Ciudad de Todos”, es considerada una de las puertas de entrada a Sudamérica.

Bogotá o Santafé de Bogotá, como se la conoció en algún tiempo, es una ciudad cosmopolita y en constante expansión. Este crecimiento incluye multitudes de inmigrantes de todas partes del mundo, lo que hace de esta capital un verdadero “microcosmos” arquitectónico urbano color ladrillo, abundante en su oferta cultural y de compras junto a la amabilidad de sus gentes, caracterizada por la diversidad de costumbres unida a su riqueza patrimonial reconocida por su colección de arte precolombino hecho en oro.

Basta entrar al Museo del Oro del Banco de la República, ubicado en el parque de Santander, para darse cuenta de ello. Cerca de 34.000 piezas de oro, más 20.000 objetos óseos, líticos, cerámicos y textiles pertenecientes a 13 sociedades prehispánicas dan un carácter casi mágico al lugar. La sala del Trabajo de los Metales, la sala de Cosmología y Simbolismo, La Ofrenda y El Exploratorio (un lugar para que los más jóvenes y los niños se diviertan y reflexionen acerca del significado del museo) ofrecen testimonio de la preservación de toda la historia de lo que fueron los antepasados.

La colección imperdible

El Museo Botero está situado en La Candelaria, el centro histórico y cultural de Bogotá. Alberga una numerosa colección de obras que el artista medellinense Luis Fernando Botero Angulo donara con la intención de difundir las artes y la cultura en su país natal. De ellas, 87 corresponden a su colección personal de arte universal, de algunos de los más representativos creadores de la historia del arte de fines del siglo XIX y la primera mitad del XX como Picasso, Renoir, Dalí, Matisse, Monet, Degas, Chagall, Giacometti y Bonard, entre otros. El resto, cerca de 123 piezas, fueron realizadas por Botero con diversas técnicas de dibujo, acuarela, óleo, pastel y escultura, principalmente.

La colección está catalogada como la más importante realizada en la historia del país y se exhibe en los salones de la antigua Hemeroteca Luis López de Mesa, luego conocida como Casa de Exposiciones. El museo se levanta recreado en una casa de patio, con toques simples pero con un recorrido por demás interesante.

¡A comer!

Bogotá es una ciudad que suele dormir poco. Su gastronomía envuelve no sólo el arte culinario y lo que sucede en torno a una buena mesa, sino que engloba elementos culturales de cada región, tomando como eje la comida. En los últimos diez años, la oferta se transformó de manera tal que no se concentra únicamente en los tipos de comida sino que constituye toda una gama de posibilidades en materia de decoración, ambiente, servicio, ubicación y visibilidad, lo cual hace que comer en Bogotá sea mucho más que satisfacer el apetito.

Maíz, yuca, arepa, aguacate, coco y achiote son algunos de los alimentos que constituyen la base de preparaciones tradicionales y ya forman parte de la historia de Colombia, de su memoria, de sus raíces. Son recetas que en ocasiones se acompañan con cantos, trovas, frases y coplas, una sensitiva manifestación que busca ser conocida nacional e internacionalmente. Es que las tradiciones culinarias y alimenticias, como patrimonio cultural, son colectivas, dado que pertenecen o identifican a un grupo social, a una colectividad o comunidad y se transmiten de generación como legado, tradición o parte de la memoria de todos.

El ajiaco, la bandeja paisa, el sancocho y la posta cartagenera son algunos de los íconos más representativos de la multiplicidad de opciones que ofrece la gastronomía colombiana. El origen se remonta a la época de la conquista de América y junto a los toques secretos en la utilización de los ingredientes, la tendencia en la capital se manifiesta en restaurantes y cafés –sobre todo en la zona del parque de la 93–, que dentro de su menú ofrecen platos de cocina fusión de recetas típicas con especias de otras culturas latinoamericanas y europeas, en especial, española y árabe.

Moqueca de camarón, chicha (bebida elaborada en forma artesanal con maíz fermentado), un tradicional guarapo (trago con alcohol que se obtiene de la destilación de varias frutas, principalmente la piña, o de la caña de azúcar) y un buen café.

No importa si uno es novato o conocedor del café. Resulta indubitable apreciar el rico aroma y el fino sabor del colombiano, considerado entre los mejores del mundo.

Joaquín Sabina opina que uno no debería tratar de regresar al lugar donde ha sido feliz. Debo decir que con esta visita a Bogotá va a resultar bastante difícil no contradecirlo.

fuente: aqui

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